el personaje de la radio

día 31

Mi amiga, Zhu Yi, cuando le preguntan por qué es dramaturga siempre cuenta la misma historia. Dice que como ella es China y, en China, no se puede tener hermanos, su niñez fue extremadamente solitaria y fue en esa soledad que, jugando sola, que  se empezó a contar historias. Yo también fui hija única hasta los 12 y algo hubo de lo que cuenta Zhu Yi pero tenía siempre la radio prendida. Mi mamá no escuchaba mucha música y eran pocos los cds que se escuchaban en familia, Inti-Illimani, Simon and Garfunkel, el OS de The Big Chill. Pero en el universo de mi pieza yo escuchaba la radio, sin querer me aprendía las canciones, y desde nena me gustaban los oldies. Una vez, en un barco, había un grupo de cuatro cantantes que cantaban a cappella un repertorio de oldies de los 50 y 60. Yo cantaba con ellos cuando se acercaban con su show. Después de unos días el colorín del grupo me preguntó: Cuántos años tienes? Tenía 26. Y, luego, Por qué te sabes todas estas canciones gringas de los años 50? Su público objetivo era el adulto mayor y yo no estaba calzando con sus expectativas. Eran canciones que me había aprendido de chica escuchando radio oldies.

Hace unos años, entré a una tienda muy extraña cerca de la universidad. Vendían telares del medio oriente, libros usados y un sin fin de objetos personales. Me acuerdo de fotos del mundo, postales, etc. Se trataba del anexo de una librería pero en la cuál estaban vendiendo todas las pertenencias de su dueño que había fallecido. Hurgetear entre las pertenencias de un finao me pareció fascinante. Entremedio de todo había una radio Panasonic de plástico imitando madera- ¿funciona? le pregunté al vendedor, un mexicano entrador. Sí. -está a la venta? Yo creo que sí. Yo no tenía nada de plata pero ahorré y unas semanas volví a la tiendita excéntrica por mi radio antigua.

Ahora la he estado escuchando harto y encuentro que escuchar la radio es un placer único. En primer lugar, es completamente pasivo. Tu escuchas, ellos eligen. En la vorágine del mp3, internet, youtube, etc. donde siempre tienes que decidir es un placer poder entregarte a las manos de un dj, que te pongan una canción que nunca has escuchado o que se te olvidó existía.

En mis primeras obras había siempre una radio, un personaje externo que comentaba de un mundo que sucedía afuera de la obra pero que la complementaba. Después lo abandoné porque sentía que era una trampa, una muletilla que empleaba para ahorrarme el trabajo de integrar perspectivas que funcionaran dentro del lenguaje y la unidad de la misma. Ahora pienso que es un personaje, como Don Nadie, un puesto que siempre dejaba vacío cuando ponía la mesa cuando chica. Está y no está pero es un personaje.

Publicado por camila le-bert

Playwright and Actor Chilean and American living in Santiago, Chile

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